LO QUE ERAN LOS ESPIRITUALISTAS DEL
SIGLO XX
Hijos de Acuario, ahora voy a contaros
lo que eran los "espiritualistas" del siglo XX:
Toda una horda de pseudosapientes se
disputaban la supremacía más abyecta y abominable que haya conocido la historia
del mundo. Diariamente se fundaban "nuevas" escuelas que hacían las
promesas más halagadoras y que realmente no tenían en el fondo más objetivo que
los portamonedas. Rojistas, Teosofistas, Rosacrucistas, Espiritistas,
Cherencistas. Tentistas de Capirote, (y roscas similares en cada país), y sus
más infinitas variedades de aromas y matices, se trababan en una lucha terrible
por la supremacía, dentro de la más enconada competencia que nunca jamás antes
se había conocido entre la mercadería de almas.
Por donde quiera aparecían
constantemente innumerables impostores fingidos Maestros y hasta "Avataras".
Todos ellos asumían las poses pietistas más variadas, y pronunciaban las mas
elocuentes conferencias que centenares de mentecatos aplaudían llenos de loco
frenesí. Esos eran los espiritualistas del siglo XX.
¿Qué estudiaban? Teorías.
¿Qué leían? Teorías.
¿Qué sabían? Teorías.
Todos ellos estaban llenos de
fornicaciones, adulterios, y cuando yo AUN WEOR los invitaba a la castidad y
les enseñaba la poderosa sabiduría de la culebra sagrada, entonces llenos de
miedo me contestaban que la Castidad Científica era un imposible, y así ni
entraban ellos al Edén, ni dejaban entrar a los demás. Esos eran los
espiritualistas del siglo XX.
Todos ellos rechazaban los mensajes
de los mundos superiores, y solo se aplicaban a aquellas escuelas que les
permitiesen fornicar. Esas gentes ni veían ni oían, ni entendían el lenguaje de
la luz, y sólo sabían discutir teorías y más teorías. Esos eran los
espiritualistas del siglo XX.
Cuando yo, Aun Weor, comprendí el
orgullo y vanidad de aquellas gentes, le di la espalda a esas camarillas de
santurrones, y me fui con los hijos del pueblo. Me fui con los humildes, con
los sencillos, con los pobres parias de la vida, con los hijos del pueblo: ese
pueblo torturado, ese pueblo abatido y humillado diariamente por los malvados,
y lleno de euforia, exclamé:
¡Señor ¡Señor! ¡Señor! he aquí tu
pueblo, tan sencillo y tan sabio como el signo de ACUARIO, tan grande como las
pirámides de Egipto, tan fogoso y tan heroico como las gestas revolucionarias
de los hijos del fuego.
Ahora si podemos exclamar desde las
cumbres del Calvario:
"Deo juvanti". Hemos hecho
una raza de Dioses. Hemos hecho una raza de héroes, una nueva progenie de
Ángeles. ¡Guerreros, a la batalla!
QUE LA PAZ SEA CON LA HUMANIDAD
ENTERA.